PARA FERNANDO RIELO:
La vida surge por intervención directa de Dios (ya visto I bimestre).
El alma es lo que da unidad a la complejidad de los componentes orgánicos, constituyendo así el individuo viviente
La complejidad psicofísica de los seres vivientes no puede por sí misma permitir el nacimiento de la consciencia.
Los animales no tienen consciencia, sino solo percepciones y estímulos.
La consciencia se debe a una intervención posterior directa de Dios: la creación del espíritu.
Distinguir dos niveles fundamentales: uno es el “psíquico”, que se refiere a las funciones y caracteres antes dichos; el otro es el “espiritual”.
El alma como esencialmente abierta al espíritu, que asume todas las funciones y les da unidad, dirección y sentido
La vida psicobiológica del ser humano, en su totalidad, es espiritual, no sin la condición de los automatismos propios del instinto y de los estímulos, y de todo el complejo de sentimientos, pasiones, emociones en los que se somatiza nuestra actividad intelectual, volitiva y unitiva.
La persona, en el ejercicio de su dignidad, no puede dejarse arrastrar por instintos y pasiones, no puede someterse a ellos y vivir en función de los estímulos de la realidad psicobiológica, porque esta por sí misma no tiene dirección y sentido.
En su vivencia espiritual asume la vida psicobiológica y le proporciona unidad, dirección y sentido.
El espíritu (nous/pneuma)
La distinción entre alma (psychè) y espíritu (nous o pneuma) es un motivo recurrente en la literatura cristiana antigua.
En general el nous (o pneuma) es entendido como la parte superior del alma, o como diferente de ella, y es el nivel superior de la naturaleza humana, donde se produce la síntesis de las facultades dianoética y práctica, directamente abierto a la recepción del pneuma divino.
Espíritu como “ser+” y como potencia de unión
Comunicabilidad y unión son los caracteres fundamentales de la persona.
Lo que llamamos espíritu es precisamente el componente humano