| Fecha: | el 6 de Noviembre |
| Nivel: | medio |
| Categoria: | General |
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| Descripción: | Es un comentario sobre el paralelo de un cuento de Poe y la vida actual. |
| Resumen (Extraido del documento): |
LA MASCARA DE LA MUERTE ROJA
Ante todo disculpen el hecho que mi comentario adolezca de muchos errores de tipo literario, ya que no soy escritora pero me gustó tanto el cuento de Edgard A. Poe”La máscara de la muerte roja,”que quise de alguna manera no copiarlo, sino comentarlo. Comienza diciendo el autor que en una comarca, se produce la invasión de una peste, llamada la Muerte Roja, la misma terminaba con la vida de sus víctimas en mas o menos media hora,en medio de grandes dolores. El príncipe de dicha comarca se llamaba Próspero, y era alegre, audaz e imperturbable. Si bien la peste no tuviera solución para la época, en ningún momento Poe, cita signos de tristeza, compasión o consultas a sus asesores para ver como encaraba ese flagelo. Lo que decidió el Príncipe fue, reunir aproximadamente a mil de sus amigos entre los que se destacaban músicos, bufones, bailarines y mujeres. , decidió refugiarse en una Abadía que era un lugar imponente al que dotó de todos los víveres necesarios para vivir hasta que la peste desapareciera. Por las dudas que alguno de sus invitados sufriera un ataque de pánico y quisiera huir de la Abadía, selló los candados de la misma. Poe, hace una muy buena descripción de los interiores, compuestos de siete salas dispuestos en forma irregular, decoradas con gusto extraño y todas con un color distinto. Ninguno de los salones poseía luz propia, sino que recibía los reflejos de unos faroles puestos en los pasillos que proyectaban sobre las ventanas sombras espectrales. Aproximadamente al quinto mes de la aparición de la peste, cuando esta aún seguía diezmando al pueblo, el príncipe decidió organizar un baile de disfraces, lo cual complació a todos. Había un gran reloj de péndulo colgado en una pared, cuyo sonido era prácticamente inaudible, excepto cuando daba la hora, entonces en pleno baile como hipnotizados los invitados paraban su danza, para retomarla ni bien se calmaba el sonido estridente de las campanadas. La |