Los cruzados que retornaban traían consigo la herejía. El dualismo de los bogomilas de los Balcanes, que tenían vínculos que se remontaban a los gnósticos, llego a Italia y la Renania a principios del siglo XII, y de ahí se extendió a Francia. Una vez que los viajes de larga distancia se convirtieron en hechos rutinarios, fue inevitable que se difundiesen diferentes herejías, y las cruzadas suministraron medios de comunicación precisamente al tipo de gente que tomaba en serio las ideas religiosas y que emocionalmente eran propensas a adoptar posturas heréticas. El dualismo fue siempre atractivo porque explicaría el papel de los demonios, que existían por doquier. También era fácil representar como el mal a la Iglesia visible a causa del fracaso evidente de su teodicea, es decir, la vindicación de la justicia divina por referencia a la existencia del sufrimiento. Los bogomilas negaban que Cristo hubiese creado una Iglesia organizada; por consiguiente, la enseñanza católica acerca de las imágenes, los santos, el bautismo de los infantes y la inmaculada concepción, mas muchos otros asuntos, eran falsos. Estas ideas se difundieron rápidamente en Occidente a mediados del siglo XII; y una vez que se vio debilitada la creencia en el sistema de confesión, el arrepentimiento, la penitencia y la redención ofrecido por la Iglesia -lo cual no costó mucho- las únicas garantías espirituales fueron los signos externos de castidad, pobreza, ascetismo y humildad, virtudes que en general era evidente que la Iglesia no poseía. Y los herejes si.
El término "cátaro" fue aplicado inicialmente a los herejes de Europa
septentrional alrededor de 1160. También se los denomino publicanos, paterines (en Italia), bougres o búlgaros en Francia, o arrianos, maniqueos o marcionitas. Alrededor de Albi se denomino albigenses a los cátaros. La confusión acerca de los nombres revela también cierta confusión respecto a las
ideas. Pero en esencia todas estas herejías eran iguales. Apuntaban a remplazar