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Escrito por
Namesti
el 25 de Enero
… mis sueños realidad.
Regularmente soñaba que atrapaba al duende. Soñaba que pedía mis tres deseos muy cuidadosamente, y siempre lo burlaba. Ayer por la tarde mientras disfrutaba de la siesta ocurrió la aparición de este. Solo pedí un deseo, con la idea de que me quedaran dos para arrastrarlo a este mundo al despertar, pues me los debería. Estando despierto demandaría la fama de mi banda. Para asegurarme le dije: - Deseo que este sueño sea real. Apenas terminé de hablar cuando el duende ya había desaparecido. Todo mi entorno cambió. De pronto me hallaba en la obscuridad caminando sobre una larga y angosta acera hecha de lozas de cemento de un metro por un metro más o menos. Estas lozas que formaban la banqueta se encontraban situadas en medio de un gran campo llano cubierto de césped. En cada séptima loza, del lado derecho alumbraba una lámpara. A lo lejos y por todo alrededor, árboles gigantes. En mi caminata nocturna por aquel gran parque avisté un Golden retriever bajo la décima lámpara frente a mí. El can estaba dormido al parecer. Sin sospechas seguí mi camino acercándome cada vez más a el. Al pasar a su lado este despertó abruptamente y me dijo con voz de mujer: - Paúl, no te esperaba, esto no es lo que tú piensas. Yo comprendía que aquel era un sueño, por tal motivo que hablara "la perra” no fue lo alarmante. Sabía mi nombre, es verdad, pero después de todo era mi sueño, que supiera mi nombre tampoco era anormal. Lo sutilmente raro fue su voz, era idéntica a la de mi novia. Al despertar ver a Mildred era mi único deseo. La llamé alrededor de cuarenta veces. Le llamé hasta rendirme. Sin avisarle, escapé de casa de mis padres a media noche para visitarla. En mi auto llevo una copia de la llave de su apartamento. Subí los diez medios pisos del edificio donde Mildred vive corriendo por las escaleras hasta llegar al apartamento numero 52. Esperé un poco a que lo acelerado de mi respiración disminuyese para penetrar con el mayor sigilo. Era una sorpresa. Iba a contarle mi sueño y a hacerle el amor. Procedí con extremoso cuidado al abrir la puerta. Deslicé lentamente la llave en el cerrojo, giré la perilla, y casi sin respirar, entré. Crucé de puntitas la sala, caminé poniendo el mayor empeño posible en ser silencioso. Al llegar a la puerta de su habitación tuve un extraño sentimiento, como si debiera devolverme al momento. Lo ignoré. Empujé la puerta de la recamara despacio y asomé un solo ojo. Que desagradable sorpresa me llevé al notar que mi sueño era realidad. Encontré a la muy “perra” dormida bocabajo desnuda sobre el pecho de mi mejor amigo.
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