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Escrito por
Francisco Arias Solís
el 12/12/2006
MARIANO AZUELA (1873-1952) “Nada importa saber adónde van y dónde vienen; lo necesario es caminar, caminar siempre, no estacionarse jamás, ser dueños del valle, de las planicies, de la sierra, de todo cuanto la vista abarca.” Mariano Azuela.
En 1910 se producen en México hechos trascendentales que marcarán el curso de la narrativa: la rebelión de Francisco Madero contra la dictadura de Porfirio Díaz, que comprometió al pueblo mexicano en un seria de revoluciones y contrarrevoluciones que durarán, en líneas generales, hasta la llegada de Lázaro Cárdenas (1940). Durante esos treinta años la sangre derramada fue abundante, pero al final se logró la primera reforma agraria del continente y una concienciación política del pueblo que supuso el rechazo de la oligarquía y la mengua de los poderes de la jerarquía eclesiástica. La revolución fue popular y contó entre sus filas con jóvenes intelectuales salidos de la clase media que, al relatar sus memorias y ambientar sus narraciones en esa época, crearon un género narrativo con características propias: la novela de la revolución mexicana. Todos sus frutos tienen un valor fragmentario antes que totalizador; un valor documental antes que estético, por lo que emplean una técnica periodística La personalidad más fuerte de la novela de la revolución mexicana es Mariano Azuela. A raíz de la revolución en la que se puso de parte de Madero, escribió Los de abajo (1915), la obra maestra del género. Mediante una técnica impresionista de vivo colorido ritmo trepidante, Azuela une cuadros por medio del protagonista, el indio Demetrio Macías, que generosamente se lanza al monte; su gesto será aprovechado por los logreros de la revolución. La crítica quiso ver en este enfoque una novela contrarrevolucionaria; a ello alentaba la falta de ideología política de Macías, que se había limitado a echarse al monte y que como una piedra que corre montaña abajo “ya no se para”. Pero su postura crítica no va contra los principios de la revolución, “hermosa aún en su barbarie”, sino contra sus fallos y errores. Porque Azuela, decepcionado, no canta ideales revolucionarios –lo cual hubiera acartonado los personajes- ; se limita a narrar circunstancias vividas; desde un enfoque literario lleno de espontaneidad, de autenticidad, remata el cúmulo de aventuras con la muerte de Macías y sus guerrilleros. Mariano Azuela nace en Lagos de Moreno, Jalisco, el 1 de enero de 1873 y muerte en Ciudad de México, el 1 de marzo de 1952. Estudió medicina en Guadalajara. Desde muy joven leyó a los grandes narradores franceses como Dunas, Daudet, los hermanos Goncourt, y, especialmente, a Emilio Zola su novelista favorito. Azuela fue nombrado jefe político en Lagos y más tarde director de Educación en Jalisco, pero en 1913, a la muerte de Francisco Madero, se incorpora como médico militar al ejército de Pancho Villa, para apoyar la revolución. Luego se exilió en la ciudad fronteriza de El Paso, Texas, donde escribió su famosa novela Los de abajo, que comenzó a publicar por entregas en diciembre de 1915 en un periódico local mexicano, El Paso del Norte. Esta novela tuvo muy buena acogida en Europa, publicándose en España en 1927. En 1917 Azuela regresó a Ciudad México, trabajando como médico en un consultorio público, mientras seguía escribiendo. En 1949 recibió el Premio Nacional de Literatura. Su novela Los de abajo, sobre la revolución mexicana de 1910, ha sido traducida a numerosos idiomas, y es la obra que junto con El Periquillo Sarmiento (1816), de José Joaquín Fernández Lizardi, sienta las bases de una novelística propiamente mexicana. El resto de las obras de Azuela refleja una visión de la vida bastante pesimista y una constante preocupación por los problemas de su país: Maria Luisa (1907), Mala yerba (1909), Andrés Pérez, maderista (1911), Domitilo quiere ser diputado (1918), colección de relatos, Las moscas (1918), Las tribulaciones de una familia decente (1918), ambientada en el México posrevolucionario; La malhora (1923) y La luciérnaga (1932), en las que trasluce la huella de las corrientes vanguardistas europeas, Pedro Moreno, el insurgente (1935), Nueva burguesía (1941), La marchanta (1944), Sendas perdidas (1949), y las póstumas Esa sangre y La maldición, ambas publicadas en 1955. En 1947 apareció su ensayo literario Cien años de novela mexicana. Aunque escribió también piezas teatrales, Azuela se halla de cuerpo entero en su novelística. En Los de abajo, Azuela revela el drama de los hombres que no saben por qué luchan y que tampoco saben como dejar de luchar. Es el mismo determinismo que impulsaba a Macias a seguir en la pelea como un canto rodado. He aquí el final de la obra: “Al pie de una resquebrajadura, enorme y suntuosa como pórtico de vieja catedral, Demetrio Macias, con los ojos fijos para siempre, sigue apuntando con el cañón de su fusil...” Francisco Arias Solis Blog: Http://blogcindario.miarroba.com/index. Php? A=info&b=60913 En Navidad, Paz y Libertad. Gracias. |
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