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Escrito por
Francisco Arias Solís
el 17 de Mayo
GERTRUDIS GÓMEZ DE AVELLANEDA (1814-1873) “ S e vuelve con rostro encendido quiere gritar... Mas yo murmuraba a su oído. ¡Ley es amar! ” Gertrudis Gómez de Avellaneda.
LA VOZ DE LA DIVINA TULA
Para Enrique Piñeyro la obra poética de Tula apelativo con que se conoció en su siglo a Gertrudis Gómez de Avellaneda representa “la fusión hábil y completa del arte clásico, del arte de Quintana y Gallego, con el lirismo de Byron, Lamartine y Victor Hugo”, a quienes tradujo repetidas veces. A este carácter conciliador, en efecto, responde la mayor parte de las odas y las Elegías de Tula, cuyas características más acusadas podrían sintetizarse en las siguientes: vigorosa inspiración, innovaciones métricas, profunda intuición de lo estético y sublime, delicada finura melódica, una armoniosa tendencia musical y, finalmente, un acusado propósito de sinceridad. Su poesía se centra en el tema amoroso y en el religioso. Merecen especial atención poemas suyos como “Ley es amar”, “Paseo por el Betis”, “Amor y orgullo”, “La plegaria de la Virgen”, “A la esperanza”, “A la poesía”, “A él” y “La Cruz”. En ningún género alcanzó la gran poetisa hispano-cubana una tan alta significación.
Gertrudis Gómez de Avellaneda nace en Puerto Príncipe, provincia de Camagüey, Cuba, el 23 de marzo de 1814. Su padre era sevillano y su madre cubana. El padre muere cuando Gertrudis tiene solo nueve años. Desde niña mostró aficiones literarias. En el año 1836 embarcó para España. Residió primero en La Coruña, después en Sevilla y más tarde en Madrid, donde se relacionó rápidamente con las más destacadas figuras de las letras: Espronceda, Quintana y Nicasio Gallego, a quienes precede en la amistad Alberto Lista, que la conoció en Cádiz.
Si existe una vida romántica ésa es la de Gertrudis Gómez de Avellaneda. Mujer de gran belleza, tuvo una vida amorosa agitada y triste: siendo aún adolescente la quisieron casar, en Cuba, con un adinerado solterón y huyó de su casa, más tarde estuvo a punto de casarse en La Coruña, y en Sevilla, donde fue muy cortejada, comenzaron sus atormentados amores con Ignacio Cepeda; pero en 1844 su nuevo amor era el poeta sevillano Gabriel García Tassara, del que tuvo una hija. En 1846, se casó con Pedro Sabater, diputado en Cortes y gobernador de Madrid, pero enviudó a los tres meses. Entonce |
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