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Debates de Historia universal

> Evolución de la guerra: métodos y avances en táctica y estrategia a lo largo de la historia...
Grupo de Historia universal
Grupo de Historia universal
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Carlos Davila
Arquitectura facultad de arquitectura-...
Escrito por Carlos Davila el 17/11/2009

"A horse, a horse... My kingdom for a horse"...
Que haríamos sin los caballos...

La expansión de los hurritas, la grandiosa migración de los hicsos (en la que robablemente participaron los hurritas), luego la invasión de los kasitas, los cuales, procedentes de Persia, se apoderan de la ciudad de Babilonia destruida por los hititas y subyugan todo el país... Tales son los acontecimientos dramáticos de este período turbulento de la historia del Próximo Oriente. Pero el panorama resultaría incompleto si se pasara por alto lo esencial de esta evolución política, o sea que la súbita invasión hicsa no fue única, sino que debe considerarse como una de las luchas olas migratorias que repentinamente se habían abatido sobre el Asia Anterior. En realidad, en el transcurso de aquella efervescencia de los pueblos antiguos, se produjo un hecho enteramente nuevo, algo que por sí solo basta a explicar el empuje irresistible del pueblo hicso, verdadero alud humano, que prácticamente no encontró resistencia a su paso; un descubrimiento que estaba destinado a revolucionar de un modo decisivo el curso de las civilizaciones del Próximo Oriente y, por ende, la misma historia del mundo.
En efecto, en algún lugar y en algún momento de la historia, empezó a desarrollarse entre los hititas, los hurritas, los kasitas y los hicsos bárbaros la cría del caballo y la equitación, habiéndose incluso inventado un tipo de carro de dos ruedas, el cual, perfeccionado, se convirtió en un carro ligero de combate, cuya influencia en la historia de los pueblos fue capital.

Durante las excavaciones que se realizaron en el emplazamiento de la antigua Hattusas, cerca de Bogazköy, siempre a la búsqueda de tablillas de arcilla, apareció un buen día un texto de unas mil líneas que trataba de la cría caballar. Este documento hitita es tanto más interesante cuanto que, sobre constituir el más antiguo Manual de hipología que poseemos, data por lo menos de 3. 400 años...
Como queda dicho, el texto está redactado en lengua hitita y fue hallado en el lugar de Hattusas, antigua capital del reino de Hatti.
Pero el hombre a quien debemos considerar como su autor es un tal «Kikkuli,del país de Mitanni», o sea un hurrita, que emplea repetidamente en el texto palabras técnicas sin duda alguna derivadas del sánscrito, lo cual no puede sorprendernos si recordamos que algunos reyes hurritas llevaban nombres hindúes.
Esto nos hace suponer que algún rey hitita había tomado a su servicio a un ganadero entrenador de caballos del país de Mitanni, de donde procedían a la sazón los mejores especialistas hípicos del país, seguramente para mejorar la raza caballar autóctona «de acuerdo con los adelantos más modernos de la ciencia», como se dice actualmente...


Carlos Davila
Arquitectura facultad de arquitectura-...
Escrito por Carlos Davila el 17/11/2009

Las reglas de Kikkuli para el adiestramiento de los caballos —adiestramiento que tenía siete meses de duración— se distinguen por su extrema pedantería, lo cual por sí solo denota ya la existencia de una antigua tradición. Los procedimientos empleados son descritos en el tratado con todo detalle.
De todo ello se desprende que los «inventores» de la cría caballar no fueron ni los hititas ni los hurritas. Con toda seguridad no salieron de dichos pueblos los primitivos jinetes, antes bien todo hace suponer que debemos buscar el origen de la equitación más al este, Asia adentro. Y como, por otra parte, el efecto devastador de la nueva arma, el carro de combate, estaba supeditado a la utilización de los caballos bien adiestrados, es obvio que tampoco lo inventaron los hititas.
Pero una cosa es cierta. En medio de la confusión reinante en aquella parte del mundo, cuando a mediados del II milenio antes de J.C. , iniciaron sus correrías los hurritas, los kasitas y los hicsos salvajes —sin que tengamos indicio alguno que nos permita sospechar que el núcleo principal hitita, o sea el asentado en el recodo del Halys, llegara a verse seriamente amenazado, los hititas asimilaron todos cuantos conocimientos pudieron adquirir en materia de caballos y carros durante sus numerosos contactos con sus turbulentos vecinos.
No sólo mejorarían los métodos de adiestramiento de los caballos, sino que, fruto de la confrontación de sus propias experiencias con las de los demás pueblos, fue el nuevo artefacto guerrero, gracias al cual iban a poder librar, y ganar, la batalla más trascendental de los tiempos antiguos; el arma cuyo solo ruido, según leemos en la Biblia, hacía templar a los sirios: el carro ligero de combate, precursor del tanque moderno autónomo.
Es curioso que la primera consecuencia del amansamiento del caballo no fuera la creación de la caballería propiamente dicha, sino que le precediera la formación de un cuerpo de carros de combate tirados, eso sí, por caballos.
Sorprende asimismo que después de haber empezado por desempeñar un papel tan importante en la estrategia de los pueblos del Asia Anterior, la desaparición de los hititas acarreara la de la equitación como arte y como arma de combate, pues es sabido que ni los griegos ni los romanos conocieron la «caballería» como fuerza montada, sino que tuvieron solamente jinetes.
El carro ligero de combate, tal como lo perfeccionaron los hititas, debió de constituir una novedad tal, que bien podemos echar mano de la palabra «invento» para designarlo. Es absurdo que los asiriólogos pretendan que los súmeros ya poseían un tipo de carro de combate. Los carros de los «cabezas negras», o sea los súmeros, claramente descritos en el Estandarte de mosaico exhumado por Woolley en Ur, eran unos vehículos pesados, de cuatro ruedas macizas, arrastrados por bueyes. Suponiendo que estos carros hubieran sido utilizados alguna vez en la guerra, su utilidad debía de ser más que problemática, y hacen pensar en los pesados armatostes de nuestra Edad Media que avanzaban lentamente por el campo de batalla siguiendo los pasos de los lansquenetes, a los que únicamente podían prestar un apoyo «moral». Lo más probable, sin embargo, es que estos vehículos sirvieran exclusivamente para el abastecimiento de los beligerantes...


Carlos Davila
Arquitectura facultad de arquitectura-...
Escrito por Carlos Davila el 17/11/2009

La gran superioridad de los hititas en la guerra radicaba en la velocidad de sus carros ligeros de combate, que no iban provistos de discos macizos, sino de dos ruedas de seis rayos cada una, y cuya elegante apariencia recuerda la de un dogcart inglés del siglo pasado.
La creación de formaciones de carros de combate de estas características revolucionó la estrategia militar de la época.

Cada carro de combate hitita transportaba a tres hombres, o sea al conductor con un guerrero a cada lado. Y con este fantástico armatoste enfrente, cuyos caballos lanzaban relinchos salvajes y alzaban nubes de polvo amarillo, y los soldados vociferando y blandiendo armas resplandecientes. Los mejores infantes retrocedían. Si aguantaban el primer ataque, pronto advertían con terror que se encontraban prisioneros en medio de la ronda infernal de los carros de combate.
Una lluvia de flechas les alcanzaba desde todas direcciones, y los cascos negros de los caballos desgarraban las filas de sus aguerridas huestes, convirtiendo el campo de batalla en un caos fantástico.
Cierto que algunos carros se estrellaban y saltaban en pedazos, pero aun así sembraban la muerte a su alrededor, y los caballos que las picas contrarias despanzurraban, arrastraban y aplastaban a los enemigos en su lucha con la muerte.
El sudor, el olor de sangre de los caballos y el polvo apestaban el aire; los buitres oteando la carroña, tal era el panorama de un campo de batalla de la antigüedad. A quien haya estudiado un poco la historia no se le oculta que, todas las esperanzas aparte, estas escenas se repetirán mientras existan los hombres sobre la tierra.
En esa gran batalla que acabamos de mencionar, que fue la más importante de la Antigüedad, parece ser en la cual por primera vez, ambos adversarios alinearon carros de combate...

Saludos a todos...!


Carlos Davila
Arquitectura facultad de arquitectura-...
Escrito por Carlos Davila el 17/11/2009

Aunque a veces los pobres caballitos salían mal "parados"...

Técnicas de guerra en la Edad Media
Durante la Edad Media, el arte de la guerra descansaba tanto principal como fundamentalmente en los asedios a ciudades amuralladas, castillos, fortalezas y ciudades en sí.
Muchos señores feudales y reyes sabían que los ejércitos, en el mundo feudal, era excesivamente caro y poco numerosos, pero en ellos existían tropas especializadas que estratégicamente contaban con una mayor importancia; especialmente aquellas que se encargaban al asedio y utilizaban con disciplina las diferentes máquinas de guerra.
El campo de batalla
Fundamentalmente, el campo de batalla se basaba en las diferentes capacidades que podían tener las distintas caballerías, ya que eran bastante limitadas, motivo por el cual la victoria descansaba en la mayoría de las ocasiones en la infantería, que apoyaba y protegía.
Según algunos investigadores de este período de la Historia, los denominados como, grandes combates, eran escasos y, en muchos instantes, se cree que los encuentros se veían limitados a escaramuzas, dado que, en estos enfrentamientos, las diferentes habilidades tácticas podían ser más y mejor aprovechadas.
También se cree que tanto los ejércitos latinos como francos (aquellos establecidos en Tierra Santa), recibían su suministro por mar, destacando la defensa mediante castillos como su base de estrategia principal.
Ese suministro por mar es el motivo principal por el que tanto los venecianos como los genoveses gozaban de cierta supremacía naval, al permitir el aporte de fuerzas de maniobra y proporcionar las reservas de hombres.
La infantería asumía el papel de protección de la propia caballería durante las batallas en campo abierto y durante la batalla, formando algo así como una caja en cuyo centro se situaban los caballeros.
Esto permitía soportar el ataque de los arqueros y de la caballería ligera, ya que por ejemplo durante la Guerra Santa, los musulmanes solían atacar a los caballos...

Salu2...



Nuria Cugota Gomez
Bachillerato gili y gaya
Escrito por Nuria Cugota Gomez el 17/11/2009

Carlos, lo de Gengis Khan ya lo habia leido yo en alguna parte pero no esa precision respecto a los caballos. Sabes que Gengis Kahn destruia todas las ciudades, porque eran nomadas y queria convertir todo el territorio en una enorme estepa.

Lo de la batalla de Hastings la mencione yo en relacion con el desarrollo de los arcos.

Y por favor, nadie me ha respondido a la pregunta de si recordais alguna batalla naval en la cual hundieran los barcos en la entrada del puerto para evitar la entrada de las naves enemigas.

Se que lo he leido en algun lado, pero ahora no recuerdo donde para buscarlo.

Y lo de Cuba lo puse en el debate de antibatallas, me parecio más propio.

Besos

Nuria


Carlos Davila
Arquitectura facultad de arquitectura-...
Escrito por Carlos Davila el 17/11/2009

Hola Nuria!

Aún sigo buscando...

Ni bien lo tenga te paso la información...

Saludos!


Jesús Vicente Gonzalez
Geografía e historia, especialidad geo...
Escrito por Jesús Vicente Gonzalez el 18/11/2009

Hoa Nuria, ese pasaje que estas buscando, ¿No lo leerias en "La catedral del mar"?. Pues en en ese libro se narra una batalla entre la flota de Pedro el Cruel y la de Pedro el Ceremonioso durante la guerra de los dos Pedros. Esta tiene lugar en el puerto de Barcelona que se enfrenta a una gran flota castellana sin tener ni barcos ni soldados para hacerle frente, pero hundiendo un ballenero en la bocana consiguen impedir que los enemigos entren con sus naves.

Un saludo

Jesús Vicente


Nuria Cugota Gomez
Bachillerato gili y gaya
Escrito por Nuria Cugota Gomez el 18/11/2009

Hola Jesus, es posible, pero mis recuerdos del hecho apuntan a un pasado más lejano, aunque puedo estar confundida.

Muchas gracias de todas formas, quizas sea eso.

Besos


Carlos Davila
Arquitectura facultad de arquitectura-...
Escrito por Carlos Davila el 18/11/2009

Todavía no lo ubico, pero ya aparecerá....
Mientras les dejo algo interesante...
También es estrategia!
Scapa Flow

Scapa Flow es un fondeadero situado en las Islas Orcadas, Escocia, Reino Unido. Rodeado por las islas Mainland, Graemsay, Burray, South Ronaldsay y Hoy, es conocido sobre todo por haber sido el emplazamiento de la principal base naval del Reino Unido durante la Primera y Segunda Guerras Mundiales.
Utilizada ya por los navíos de guerra vikingos, la base permaneció en uso por la Royal Navy
hasta 1956. Durante las dos guerras mundiales, U-boats alemanes intentaron atacar a naves británicas en Scapa Flow. Los intentos de la Primera Guerra Mundial fracasaron, siendo hundidos el U-18 y el U-116. A principios de la Segunda Guerra Mundial, el U-47 comandado por Günther Prien penetró en Scapa Flow el 14 de octubre de 1939 alcanzando al HMS Royal Oak en la bahía de Scapa. Los torpedos del U-47 abrieron un boquete de 9 m en el Royal Oak, que no tardó en hundirse. De la tripulación de 1. 400 hombres, 833 perecieron, siendo actualmente el lugar del hundimiento una tumba de guerra protegida. Tras el ataque, Winston Churchill ordenó la construcción de una serie de calzadas para bloquear las entradas orientales a Scapa Flow.
Estas "Barreras de Churchill" proporcionan en la actualidad acceso por carretera desde
Mainland a Burray y South Ronaldsay.
Tres días después del ataque submarino, cuatro bombarderos Junkers Ju 88 de la Luftwaffe
sobrevolaron Scapa Flow en uno de los primeros bombardeos de la guerra sobre Gran Bretaña, dañando gravemente al veterano acorazado HMS Iron Duke, siendo derribado uno de los bombarderos por una batería antiaérea en Hoy.
La flota alemana en Scapa Flow.
Tras la derrota alemana en la Primera Guerra Mundial, 74 navíos de la Kaiserliche Marine se internaron en Gutter Sound, Scapa Flow, pendientes de una decisión sobre su futuro en el Tratado de Versalles. Llegaron en noviembre de 1918 tras el Armisticio, convirtiéndose pronto en una especie de atracción turística. El 21 de junio de 1919, el almirante Ludwig von Reuter, oficial alemán al mando en Scapa Flow, tras esperar la salida en maniobras del grueso de la flota británica, dio la orden de echar a pique sus barcos para impedir que cayesen en manos británicas. Se hundieron 51 naves, y los nueve marineros que perecieron en ellas fueron las últimas bajas de la Primera Guerra Mundial.
Diez acorazados fueron hundidos: SMS Bayern, SMS Kronprinz Wilhelm, SMS Markgraf, SMS
Großer Kurfürst, SMS Prinzregent Luitpold, SMS Kaiser, SMS Kaiserin, SMS Friedrich der
Große, SMS König Albert y el SMS König. El SMS Baden se salvó del hundimiento tras ser
varado.
Cinco cruceros de batalla fueron hundidos: SMS Hindenburg, SMS Derfflinger, SMS Seydlitz,
SMS Moltke y SMS Von der Tann.
Cinco cruceros fueron hundidos: SMS Cöln II, SMS Karlsruhe II, SMS Dresden II, SMS
Brummer y SMS Bremse. El SMS Nürnberg II, SMS Frankfurt y SMS Emden II estaban
varados...

Algo así como:" ¡Es mío... , o de nadie!"


Carlos Davila
Arquitectura facultad de arquitectura-...
Escrito por Carlos Davila el 18/11/2009

A ver Nuria, si puede ser esto...
Es largo, tomen asiento y tiempo!
Batalla de Cartagena de Indias

... Y precisamente uno de los muchos problemas de contrabando, ocurrido en 1738 frente a las costas de La Florida, fue el utilizado por Inglaterra como pretexto para tratar una vez más de arrebatar a España sus posesiones americanas. El incidente que traería tan terribles
consecuencias, se produjo cuando un guardacostas español, La Isabela, al mando del capitán Julio León Fandiño, apresó a un capitán contrabandista inglés, Robert Jenkins, y en castigo le cortó una oreja al tiempo que le decía: «Ve y dile a tu Rey que lo mismo le haré si a lo mismo se atreve». A pesar de que el castigo fue moderado dadas las costumbres de la época, Jenkins recogió su oreja y la metió en un frasco de alcohol, regresando a Inglaterra con ella.
En octubre de 1739, tras conocerse el incidente de la oreja, y haber mostrado Jenkins el tarro en el Parlamento británico, se consideró la frase de Fandiño una ofensa al rey Jorge II,
merecedora de la declaración de guerra a España; es decir, una ocasión más para tratar de
conseguir el ansiado predominio de los mares y la posesión de los ingentes recursos naturales del Virreinato de Nueva Granada. Por ello, la Historia conoce esta guerra por el nombre de Guerra de la Oreja de Jenkins.
La guerra
Rompiendo las hostilidades en noviembre de 1739, el almirante Sir Edward Vernon atacó con 6 buques la plaza de Portobelo en el istmo de Panamá. La plaza estaba defendida por tan sólo 700 hombres, por lo que el éxito de Vernon fue absoluto (este suceso da nombre a la calle Portobello Road, en Londres). Mientras, las fuerzas del Comodoro Anson, con el navío Septentrión y dos buques menores acosaban las colonias del Pacífico Sur, como maniobra de distracción, pero sin producir daños apreciables. Como fin último Anson tenía la misión de apoyar desde la costa del Pacífico una futura operación militar en el istmo de Panamá que tendría como objetivo cortar las comunicaciones terrestres entre el Virreinato de Nueva Granada y el de Nueva España, para iniciarse acto seguido la conquista inglesa de Nueva Granada.
Tras ese triunfo inicial, Vernon, envuelto en un clima de euforia, y azuzado por la opinión pública inglesa y por las incendiarias proclamas del joven parlamentario William Pitt, decidió dar un golpe decisivo, para lo que reunió una formidable flota de 186 buques, con 27. 600 hombres, armada con 2. 000 cañones, que salió desde Port Royal (Jamaica) y fondeó a principios de marzo de 1741 junto a la costa de Cartagena de Indias, la ciudad más importante del Caribe, a la que llegaban todas las mercancías del comercio entre España y las Indias, incluyendo los tesoros extraídos de las minas peruanas. La flota era, probablemente, la más grande jamás reunida (superaba en más de 60 navíos a la Gran Armada de Felipe II). La ciudad estaba gobernada por el Virrey Sebastián de Eslava y defendida militarmente por uno de los más geniales soldados que haya dado España, el almirante Blas de Lezo, marino con experiencia en batallar con los ingleses y los piratas africanos, que ya había demostrado sobradamente sus condiciones como estratega, pero que disponía solamente de unos 3. 600 hombres y de una flota de seis buques: el Galicia, el San Carlos, el San Felipe, el África, el Dragón y el Conquistador...


Carlos Davila
Arquitectura facultad de arquitectura-...
Escrito por Carlos Davila el 18/11/2009

«Puedo asegurarle a Vuestra Excelencia, que si yo me hubiera hallado en Portobelo, se lo
habría impedido, y si las cosas hubieran ido a mi satisfacción, habría ido también a buscarlo a cualquier otra parte, persuadiéndome de que el ánimo que faltó a los de Portobelo, me hubiera sobrado para contener su cobardía».
La batalla
Fortaleza de San Felipe de Barajas en Cartagena de Indias desde donde las fuerzas españolas de Blas de Lezo derrotaron a la flota y ejércitos británicos del Almirante Edward Vernon durante la Batalla de Cartagena.
La gran flota inglesa es avistada el 13 de marzo, lo que puso en vilo a la ciudad. Antes de
disponerse a desembarcar, Vernon silencia las baterías de las fortalezas de Chamba, San
Felipe y Santiago. Luego se dispuso a cañonear la fortaleza de San Luis de Bocachica día y
noche durante dieciseis días. Bocachica estaba defendida por Des Naux con 500 hombres que, finalmente, tuvieron que replegarse ante la superioridad ofensiva. Tras esta fortaleza sólo quedaba la Fortaleza de Bocanegra como entrada a la bahía. En la primera se destruyeron cuatro barcos para impedir la navegación del estrecho canal y, en la segunda, dos barcos, en contra de la opinión de Blas de Lezo de que no serviría para mucho tras lo visto en Bocachica, para impedir igualmente el acceso a la bahía. El bloqueo del canal de la fortaleza de Bocanegra no sirvió para mucho, como había pensado el almirante de Lezo.
Tras esto, Vernon entró triunfante en la bahía y a su vez, todos los defensores españoles se
atrincheraron en la fortaleza de San Felipe de Barajas tras haber abandonado la fortaleza de Bocanegra. Vernon, creyendo que la victoria era cuestión de tiempo, despachó un correo a Inglaterra dando la noticia de la victoria.
Seguidamente, ordenó un incesante cañoneo del castillo de San Felipe por mar y tierra para ablandar a las fuerzas guarnecidas en la fortaleza. En ella solo quedaban 600 hombres bajo el mando de Lezo y Des Naux. Vernon decide rodear la fortaleza y atacar por su retaguardia. Para ello se adentraron en la selva, lo que supuso una odisea para los ingleses que contrajeron la malaria y perdieron a cientos de sus hombres. Sin embargo, llegaron a las puertas de la fortaleza y Vernon ordenó atacar con infantería. La entrada a la fortaleza era una estrecha rampa que de Lezo rápidamente mandó taponar con trescientos hombres armados con tan solo armas blancas y lograron contener el ataque y causar 1500 bajas a los asaltantes.
La moral de los atacantes bajó considerablemente tras esto y por las epidemias que causaban continuas bajas. Vernon se puso muy nervioso en aquel momento ya que la resistencia a ultranza de los españoles superó con creces sus expectativas y ya había enviado la noticia de la victoria a Inglaterra. Vernon discutió acaloradamente con sus generales el plan a seguir...


Carlos Davila
Arquitectura facultad de arquitectura-...
Escrito por Carlos Davila el 18/11/2009

Finalmente decidieron construir escalas y sorprender a los defensores en la noche del 19 al 20 de abril.
Los asaltantes, al mando del general Woork, se organizaron en tres columnas de granaderos y varias compañías de casacas rojas. En vanguardia iban los esclavos jamaicanos armados con un simple machete. El avance era lento debido al gran peso de artillería que transportaban y al continuo fuego que salía de las trincheras y desde lo alto de la fortaleza, además de que estaban expuestos en una gran explanada. No obstante, logran alcanzar las murallas pero se dan cuenta de que las escalas no medían lo suficiente para salvar también el foso, quedando los atacantes desprotegidos y sin saber qué hacer. Los españoles continuaron con su nutrido fuego, lo que provocó una gran masacre en las filas invasoras.
A la mañana siguiente, pudieron verse innumerables cadáveres, heridos y mutilados en los
alrededores de la fortaleza, poniéndose de manifiesto la gravísima derrota inglesa. Los
españoles aprovecharon para cargar a bayoneta provocando la huida de los ingleses. Los
españoles lograrían matar a cientos de ellos y hacerse con los pertrechos que abandonaron los sitiadores tras la huída.
Vernon no tuvo más remedio que retirarse a los barcos. Ordenó durante treinta días más un
continuo cañoneo, ya que todavía no aceptaban la derrota. Sin embargo, las enfermedades y la escasez de provisiones empezaban a hacer mella en lo que quedaba de tropa. Finalmente, el Alto Mando inglés ordena la retirada, de forma lenta y sin cesar de cañonear. Las últimas naves partieron el 20 de mayo. Tuvieron que incendiar cinco de ellas por falta de tripulación...

Fin... , por ahora.!


Rafael Gómez Díaz
Derecho universidad complutense de mad...
Escrito por Rafael Gómez Díaz el 18/11/2009

Carlos, si en vez de escribir hubieras hablado, habrías terminado con todo el agua potable de Uruguay. Hasta yo tengo la boca seca, sólo de leer.
Impresionantes spots; particularmente los de caballos y carros.
Puedo estar en un error, pero te aseguro que me he fijado a fondo y no localizo el nombre de la batalla que narras ("la más grande de la antigüedad"), ni el nombre de los oponentes de los hititas. Además dices que la ganaron éstos.
No nos dejes con ese enigma; porque yo de esa época sólo tengo registrada la batalla de Qadesh, y no parece que te refieras a ésta (que además se considera triunfo "pírrico" de Ramsés II).
Chapeau, ante los spots.
Estoy reclamando a la trastienda de emagister que se pueda uno bajar un debate completo, porque hay cosas que merece la pena tener y andar copiando spot por spot es un tostón. Parece que están en ello.
Cuando mis spots son muy largos y me parecen de interés "general", tengo el hábito de colgarlos como documentos, por si alguno lo quiere tener. ¿No podrías hacernos el favor de colgar estos tuyos?


Carlos Davila
Arquitectura facultad de arquitectura-...
Escrito por Carlos Davila el 18/11/2009

Lo había pensado en vez de pasarlos por el colador...

Solo que no sabía cómo caería a los demás...

Dalo por hecho, Rafael!

Gracias... Revuelvo la biblioteca y coloco ese dato ausente.!

Salu2


Carlos Davila
Arquitectura facultad de arquitectura-...
Escrito por Carlos Davila el 18/11/2009

"Al mando de Muvatalis, los hititas confirmaron su poderio militar en la batalla de Kades ( 1290 a.c. ) en la que derrotaron a los egipcios al mando de Ramses II. Después de la batalla, la amistad entre ambas dinastias se consolidó gracias a la división de Siria y la boda de Ramsés II con la hija de Hattusıl III, otro soberano hitita, en 1250a.c. Sin embargo lo que supuso una amenaza auténtica para ambos fue la llegada de los ‘ Pueblos del Mar’: Unos primitivos comerciantes de la Edad del Hierro, oriundos de los archipiélagos griegos y el continente, que tendria amplias repercusiones y acabaria con la destrucción total del antiguo régimen."


Subo el documento en cinco minutos...

Salu2


Carlos Davila
Arquitectura facultad de arquitectura-...
Escrito por Carlos Davila el 18/11/2009

Como verás, Rafael era solo cuestión de semántica: Qadesh, Kadesh, Kades o Qades!

Hablabamos de la misma trifulca.

Gracias, aprendí algo más...!

Abrazos


Rafael Gómez Díaz
Derecho universidad complutense de mad...
Escrito por Rafael Gómez Díaz el 18/11/2009

A mí la semántica me hubiera dado igual. Es que no vi el nombre. Sorry.
Respecto de lo de colgar documentos, yo escribo los spots, porque es donde sé que van a mirar nuestros "contertulios"; pero luego cuelgo el documento por si alguien lo quiere tener entero, sin tener que copiar los dichosos spots.


Rafael Gómez Díaz
Derecho universidad complutense de mad...
Escrito por Rafael Gómez Díaz el 18/11/2009

….. En el tercer día de viaje encontramos restos de navíos; hacia el atardecer uno de los marineros divisó algo que se movía en el agua y parecía dirigirse hacia nosotros. Bomílcar mandó recoger la vela mayor y se colocó el mismo en el timón lateral.

Era un joven oficial de una pentera de Pérgamo. Había pasado un día y medio a la deriva llevado por los restos del naufragio. Después de haber bebido y comido nos relató el milagro consumado por Aníbal.

- No, no fue un milagro, él es el milagro si existe alguno. Es un gran estratega, también en el mar. Y tan astuto como Odiseo.

La flota del rey Eumenes estaba formada por ochenta barcos de guerra, todos ellos prácticamente nuevos y con buenas tripulaciones. Navegaban sin perder de vista la costa; al caer la noche anclaban en alguna cala o entre las numerosas islas.

- Sin prisas; sabíamos que éramos muy superiores en número y en calidad, pero no queíamos dejarnos sorprender ni obrar con precipitación. Anteayer por la noche oímos de boca de un pescador que la llamada flota de Bitinia había fondeado en una bahía, y que incluso una parte de ella estaba en tierra, pues algunos barcos estaban agujereados. Es una zona en la que en esta época del año el viento casi siempre sopla desde tierra, pero eso no era un obstáculo; si se alzaba viento recogeríamos las velas y todos los hombres cogerían los remos.

>>Nos pusimos en marcha muy temprano, antes de que saliera el sol. Justo a la hora de desayunar llegamos a la bahía. Allí vimos esos orinales carcomidos por el óxido; estaban intentando zarpar. Creo que en ese momento nuestros gritos y risas resonaron con más fuerza que la cólera de Zeus en la tormenta. ¡Esos barcos en la bahía, tan pocos, tan viejos, tan apolillados! Y los pobres muchachos que iban en ellos no izaban correctamente las velas de los barcos pequeños, y en un viejo trirreme la mitad ya había empezado a remar mientras los otros aun desayunaban, y el barco daba vueltas como un ciempiés borracho.

>>Entonces salió una pequeña barca con bandera clara; al parecer querían negociar, o rendirse, o algo así. Entretanto, nosotros entramos en la bahía; tuvimos que sufrir algunas magulladuras, pero todos nuestros barcos consiguieron entrar. No cabía ni un alfiler más. La barca de los negociadores se acercó a nosotros y un hombre que venía en ella preguntó quién era nuestro almirante y en qué barco se encontraba; luego se dirigió hacia el navío del almirante, saludó atentamente de parte de Aníbal y preguntó si queríamos rendirnos. Nunca he escuchado carcajadas como las que brotaron entonces.

>>La pequeña barca dio la vuelta y fue a reunirse con las otras, que entretanto habían izado las velas a medio mástil y habían enderezado los remos. Y en ese mismo momento empezamos el ataque.


Rafael Gómez Díaz
Derecho universidad complutense de mad...
Escrito por Rafael Gómez Díaz el 18/11/2009

A partir de ese momento la narración se hizo un poco confusa. Casi inmóvil entre las escarpadas costas de la bahía, la flota de Pérgamo, muy superior a la de Aníbal, se veía ante unos cuantos veleros y barcos de remos apolillados que tenían el viento a su espalda. El presunto negociador había servido a Aníbal para averiguar en qué barco se encontraba el jefe de la escuadra enemiga. El fuerte viento de tierra impulsó rápidamente a los veleros hacia la flota de Pérgamo; tres o cuatro navegaron hacia el barco del almirante.

De repente, salieron volando algunas tinajas que cayeron sobre los barcos que formaban el ala de la flota de Pérgamo. Aníbal había mandado construir pequeñas catapultas que luego había emplazado sobre los escarpados acantilados que rodeaban la bahía. Desde allí disparaban miles de tinajas que casi siempre caían y reventaban sobre los barcos enemigos. La tinajas contenían aceite. Las carcajadas de los soldados de Pérgamo ante ese ataque con tinajas de aceite terminaron de pronto, cuando los arqueros dispararon desde la orilla flechas incendiarias que no tardaron en prender fuego a los barcos empapados en aceite.

También estaban empapados en aceite los pequeños veleros que navegaban hacia el centro de la flota, donde se encontraba el buque insignia. De pronto, también esos veleros empezaron a arder; sus tripulantes saltaron por la borda y el viento de tierra se encargó de llevar los barcos incendiados hasta el corazón de la escuadra de Pérgamo.

El joven abrió bruscamente los ojos, palideciendo al llegar a la parte final del relato del combate naval.

- Entretanto, también los barcos de remos habían llegado hasta nosotros. Estos nos arrojaron todavía más tinajas, que reventaban al caer sobre nosotros. ¡Y de esas tinajas salieron miles de serpientes venenosas, escorpiones y tarántulas! El combate quedó olvidado; todo era un caos de gritos y de saltos. Y en ese momento nos abordaron los barcos de Aníbal y sus soldados de a pie cayeron sobre nosotros. Vestían de forma demencial, no llevaban chitón, ni sandalias, sino una especie de largos tubos de cuero alrededor de las piernas, y bolsas de cuero en los pies. No hicieron caso de las serpientes y escorpiones; simplemente cayeron sobre nosotros y nos hicieron pedazos. Calculo que Aníbal debe haber capturado treinta buenos barcos; los demás se incendiaron o hundieron. Y para ello sólo tuvo que sacrificar seis o siete de sus apolilladas barcas. La flota de Pérgamo ya no existe.

Al caer la noche llegamos a un pequeño puerto insular; allí oímos que una vez terminado el combate naval Aníbal se había dirigido tierra adentro para visitar algunas plazas fuertes de la frontera sur de Bitinia y para reclutar o alistar soldados.

Episodio extraído del libro “Anibal”, de Gisbert Haefs.


Nuria Cugota Gomez
Bachillerato gili y gaya
Escrito por Nuria Cugota Gomez el 18/11/2009

Queridos Carlos y Rafael, me estais abrumando. Tendre que ponerme manos a la obra, para intentar ponerme a la altura, aunque no se si podre hacerlo.

A ver cuando hacen los dias de 36 h. Que si no llego.

Besos

Nuria


 
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