Grupo de Tradiciones indígenas
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Cuentos y poemas indigenas

Dark Crow
Psicologo clinico universidad autónom...
Escrito por Dark Crow (foro Tradiciones Indigenas) el 25/05/2010

A mi hija mayor ya fallecida le gustaba que se le leyera cuentos indigenas. En cierto modo a memoria de ella estare colocando aqui varios. Su hermanita con la que vivo espero le gusten cuando crezca un poco.

k'uaki / el zopilote

K´uaki/Zopilote

Escribió: Benjamín González Urbina

U n día el zopilote despertó de madrugada, parpadeo repetidas veces, volteo sus ojos con el propósito de agudizar su mirada, levantó los pies para confirmar que estaba bien, ¡De pronto! Se sacudió pensando en muchas cosas.

Se quedó estático como si estuviera ausente, tal parecía como si anduviera muy lejos, estaba pensando y en voz clara exclamó: Los años han transcurrido y yo de aquí de estos lugares jamás me he movido, muchos animales hermanos míos venían a visitarme pero, , hace ya algún tiempo que nadie se aparece, ¿Cual será la causa por la que no vienen? , estuviera muy bien si yo fuera a verlos, llevarles un fraternal saludo que al cabo pronto regresare, nada pierdo con ir, allá voy.

Dio un salto, extendió sus alas elevándose lo mas que pudo, cuando se encontraba muy arriba empezó a mirar que solamente unos cuantos árboles existían porque los humanos a cada rato incendiaban los pastos, las flores, a los árboles y los animales allí se quemaban, a parte los hombres deforestaban derribando mas y mas árboles.

Siguió volando y vio muchos caminos a los que hoy llamamos carreteras, así también a las cosas que se movían haciendo mucho ruido, fue entonces que empezó a descender volando lo mas bajo que pudo y fue entonces que miró a muchos animales como son; los venados, zorrillos, tejones, conejos, coyotes, armadillos, víboras bien aplastados, quienes los habían aplastado fueron las cosas esas que hasta cimbran la tierra al caminar y que los hombres nombran camiones.

El cuervo al ver aquel cuadro tan desolador sintió una enorme tristeza, hablo de la siguiente manera: Mis hermanos por los caminos y los incendios se están terminando, los hombres no recuerdan y ni piensan que nosotros nos estamos extinguiendo, si a nosotros nos matan ellos también se acabaran por que no podrán vivir sin árboles y sin nosotros que a diario alegramos sus vidas y por todo lo que realizamos a favor de ellos.

Me siento realmente mal al ver todo tan triste y yo solo no podré hacer nada para remediar esta situación, entonces, ahora si de plano me boy a sentar a llorar. Se paró en un palo viejo, se cubrió los ojos y lloró y lloró sintiendo pena por los que vio muertos y por lo que se está terminando.

Es obligación de los mortales cuidar de toda clase de animales, es por eso que les pido a los niños, jóvenes y señores que, nuevamente brinquen y canten las aves, que se alegre el mundo con sus cantos, con el aullar de los coyotes, que los campos vuelvan a reverdecer por los árboles que se planten y que estén en pie.

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Nuria Cugota Gomez
Bachillerato gili y gaya
Escrito por Nuria Cugota Gomez el 25/05/2010
Canto Triste (de Nezahualcoyotl)

Oye un canto en mi corazón:

me pongo a llorar,

me lleno de dolor:

nos vamos entre flores,

hemos de dejar esta Tierra:

¡Estamos prestados unos a otros:

iremos a la casa del Sol!

¡Póngame yo un collar

de variadas flores:

en mis manos estén,

florezcan en mí guirnaldas.

Hemos de dejar esta Tierra:

estamos prestados unos a otros:

iremos a la casa del Sol!


Nezahualcoyotl (1402-1472) fue un rey y poeta de Texcoco muy famoso por su filosofía, inteligencia, dirección, y liderazgo.


Beatriz Bassino
Enfermería profesional, administración...
Escrito por Beatriz Bassino el 25/05/2010

Mi pobre aporte, no encontre nada en lengua mapuche, pero tengo un libro en los dos idiomas y espero haberlo escrito todo correctamente, solo me falto una especie de n minúscula, que se usa para cambiar el sonido de la palabra y quise suplantarla con la n, pero separa las palabras, ni modo, mi teclado no entiende de lenguas aborígenes.


Me olvidaba el libro se llama "Testimonios de un cacique mapuche" Pascual Coña.


Petu ûlkantulu ka trêpukultrukelu feichi domo, ñuwiñnpêruin feichikuñawen, inalkiawin ñi pêrun, rûk ûiawin loko-kachilla meu; ka weluwelutumekei ñi n'amun en traf pûlli meu, êl'eyûketuyefin têfachi wirkolechi loko-kachilla.

Feichi kûñatuiauchi wentru en domo ká ûlkantukein; kiñeke kûñawn ûlkantukei.

Feichi wentru fei pi ñi ûl:

Amuleiyu, kûña;

Trankilmi, kûña;

Têfei rêan, kûña.

Feichi domo ká fei pi ñi ûlkantun:

Amuleiyu, chachai

Kanshakilmi, chachai

Iñche kanshalan, chachai

Rumenka pikeufui ñi ûlkantun en, ñi konpakefel mêten ñi lonko ñi pial en, fei ûlkantukefuin, rûnkûiauluwente loko-k'achilla.


Estos son los cantos de los mapuches mientras trillaban el trigo o la cebada, lo hacian los hombre y las mujeres,


Traducción:


Mientras que canta y toca esa mujer, trillan las parejas al compás del tambor; como danzando bordean en saltos el montón de espigas; las plantas de los pies se deslizan en contacto con el suelo hacia atrás y adelante y, así refregando las espigas amontonadas del trigo, las desgranan..

Las parejas de hombres y mujeres cantan también; un par después del otro romancean.

El canto del hombre dice así:

Sigamos adelante, compañera;

Que no te caigas, compañera;

Allí hay un hoyo, compañera;

La mujer contesta cantando de esta manera:

Sigamos, compañero;

No te canses, compañero;

Yo no me canso, compañero.

Tienen muchas versiones y variantes en sus cantos; todo lo que se les ocurria cantaban, mientras avanzaban a saltos sobre las espigas de trigo.


Dark Crow (foro Tradiciones Indigenas)
Psicologo clinico universidad autónom...
Escrito por Dark Crow (foro Tradiciones Indigenas) el 25/05/2010

Muchas gracias ambas. Trabajo cuesta andar colocando textos en un idioma ajeno al nuestro.


Nuria Cugota Gomez
Bachillerato gili y gaya
Escrito por Nuria Cugota Gomez el 25/05/2010

Espero que me permitais poner los poemas que encuentre en castellano, pues no quisiera transcribirlos mal por ignorancia. Como dice el chiste: Ud domina el ingles? Si es chiquito y se deja.....


Cristmar Mendoza
Economista usm
Escrito por Cristmar Mendoza el 28/05/2010

Que belleza! Me encanta este grupo y en especial este debate...

Mil gracias por invitar

Un abrazote

Crist


Miguel Estaña Gimeno
Psicologia/2º curso uned
Escrito por Miguel Estaña Gimeno el 28/05/2010

Lamentablemente Fabricio ese cuento (

k'uaki / el zopilote

Si no hacemos algo y cambiamos ,ya no sera un cuento sera una realidad por todas partes.
Gracias por invitarme ire mirando.
Miguel


Mario HUmberto
Escrito por Mario HUmberto el 28/05/2010

Que interesante este fragmento de historia, gracias por invitarme...


Ana
Escrito por Ana el 29/05/2010

Canción Leyenda.

EL PÁJARO CHOGÜÍ
Polka
Indio Pitaguá




Cuenta la leyenda
que en un árbol se encontraba
encaramado
un indiecito guaraní.
Que sobresaltado
por el grito de su madre
perdió apoyo, y, cayendo se murió.
Y que entre los brazos maternales
por extraño sortilegio
en chogüí se convirtió.

Chogüí, chogüí, chogüí, chogüí
qué lindo está mirando acá.
Mirando allá, volando se alejó.
Chogüí, chogüí, chogüí, chogüí
qué lindo es, qué lindo va
perdiéndose en el cielo azul turquí.

Y desde aquel día
se recuerda al indiecito
cuando se oye, como un eco, a los chogüí;
es el canto alegre y bullanguero
del precioso naranjero
que repite su cantar;
canta y picotea la naranja
que es su fruta preferida,
repitiendo sin cesar:
Chogúi, chogüí, chogüí, chogüí...


Ana
Escrito por Ana el 29/05/2010

Anahí o la leyenda de la flor del ceibo

Referencia

Es tradicional la fiereza de la tribu "Guayaquí", de la familia de los guaraníes. Sus hombres y sus mujeres eran belicosos y celosos defensores del lar nativo.

Los Españoles los creían muchas veces verdaderos brujos, y los castigaban como a tales, es decir, con la hoguera. Las luchas entre indios y españoles dio lugar a una de las más bellas leyendas de las tierras que bañan el Paraná y el Uruguay.

La de la flor de ceibo.

Había en la tribu Guayaquí una indiecita que amaba su tierra natal al extremo de recorrer sola los bosques conversando con las aves, con las flores, con los animales que poblaban el bosque. Era conocida por la dulzura de su voz que de continuo entonaba los cánticos propios de su raza. Cuando ella cantaba, hasta el río rumoroso parecía callar para escucharla.

Un día, un gran pájaro de blanquísimas alas llegó navegando por el río; de él bajaron hombres barbudos cubiertos por metales relucientes que parecían dueños del rayom
transformándose por momentos en monstruos de cuatro patas y dos cabezas que atropellaban todo lo que encontraban en su camino.

La tribu de Anahí decidió defender la tierra nativa superando el terror que los embargaba ante aquellos monstruos desconocidos que más que hombres parecían creación del mismo Añangá.

Pelearon, pelearon días y días, semanas enteras. Pero iban siendo echados poco a poco de sus bosques, de sus ríos, de sus sierras. Anahí, pese a su juventud luchaba como los más valientes. Su voz ya no cantaba más, gritaba la venganza y la guerra y animaba a los hombres y mujeres de la tribu. Pero un día aciago cayó prisionera. Llevada al campamento español, logró en la noche zafar sus ligaduras y golpeando malamente a
un centinela ganó nuevamente el bosque, con tan poco fortuna que volvió a caer en manos de sus captores.

El soldado herido por Anahí murió. Sospechada de bruja, porque nadie podía admitir que con aquel cuerpo esmirriado y con su juventud pudiera haber dado muerte de un golpe al soldado, y atribuyéndole ayuda diabólica, fue condenada a morir en la hoguera.

Atada al palo de la ejecución y prendido el fuego de los leños, las llamas comenzaron a abrazarla. Pero Anahí, en medio de las llamas, en vez de gemir comenzó a cantar una canción en la que pedía a Tupá por su tierra, por su tribu, por sus bosques, por sus ríos.

Su voz se elevó al cielo, y al nacer el día, el cuerpo carbonizado de Anahí se había convertido en un robusto tronco de un árbol hermoso del que pendían racimos de
rojas flores.

Esa es la leyenda del ceibo, nuestra flor nacional.



ANAHÍ Canción.
(Leyenda de la flor del ceibo)

Anahí...
las arpas dolientes hoy lloran arpegios que son para ti
recuerdan a caso tu inmensa bravura reina guaraní,
Anahí,
indiecita fea de la voz tan dulce como el aguaí.
Anahí, Anahí,
tu raza no ha muerto, perduran sus fuerzas en la flor rubí.

Defendiendo altiva tu indómita tribu fuiste prisionera
Condenada a muerte, ya estaba tu cuerpo envuelto en la hoguera
y en tanto las llamas lo estaban quemando
en roja corola se fue transformando...
La noche piadosa cubrió tu dolor y el alba asombrada
miro tu martirio hecho ceibo en flor.
Anahí, las arpas, dolientes hoy lloran arpegios que son para ti
recuerdan a caso tu inmensa bravura reina guaraní,
Anahí,
indiecita fea de la voz tan dulce como el aguaí.
Anahí, Anahí,
tu raza no ha muerto, perduran sus fuerzas en la flor rubí.


Canción de Osvaldo Sosa Cordero basada en la leyenda del ceibo.


Ana
Escrito por Ana el 29/05/2010
En estas tierras coloradas, reinan muchos mitos y leyendas, entre los cuales se encuentra la del pito güé o también llamado benteveo o bichofeo, pitaguá, quetubí, pitojuan entre otros (Ahora que lo pienso... ¡Qué nombres!)
Éste es un pájaro (foto) que habita en nuestro país, Argentina, desde Buenos Aires, San Luis y Mendoza hasta el límite norte, de Jujuy a Misiones. Su grito agudo y prolongado es el que da origen a su nombre, ya que las personas que habitan en estas regiones creen oír esas palabras.

"Yo desconocía completamente al mito que envolvía a este curioso pájaro, hasta que una tarde cuando estábamos tiradas tomando sol con mi amiga de toda la vida en el patio de mi casa, en mi ciudad natal, un benteveo se nos acerca y nos sorprende con su original canto. Inmediatamente, mi amiga se pone de pie y lo ahuyenta agitando las manos y gritando " ¡Fuera pito güé! ¡Fuera!"
" ¿Por qué lo echaste? " le pregunté casi entre risas al ver la cómica escena.
" ¿Acaso no lo sabés? El pito güé cuando canta anuncia embarazo..."

Creo que nunca me reí con tantas ganas como en esa tarde de verano, me causaba mucha gracia ver que una de mis mejores amigas fuera tan supersticiosa...

Pasaron los años, y me olvidé del asunto, hasta el día de hoy.
Estábamos con mi vecina hablando sobre temas que ocurrían en nuestra vecindad, cuando me cuenta que la hija del dueño de los departamentos está embarazada, y comenta "Ya me parecía... La semana pasada escuché a un pito güé cantando en el patio".

Según la creencia popular, cuando este pajarito grita cerca de nuestra casa puede significar dos cosas: Si grita al mediodía nos avisa la llegada de gente inesperada, parientes, amigos o desconocidos. O si simplemente lo hace en cualquier momento del día anuncia un nacimiento. Yo no sé si creer o no en estas cosas (sobre todo en lo último) pero por las dudas, si lo oigo gritar en mi ventana creo que no dudaré en invitar a mi amiga para que lo ahuyente, o al menos por el momento ;-)

Existe una leyenda guaraní que trata sobre el benteveo, es muy larga para transcribirla, pero si quieren leerla y conocer más acerca de este famoso pájaro, aquí les dejo el link: "



Beatriz Bassino
Enfermería profesional, administración...
Escrito por Beatriz Bassino el 29/05/2010

Hola Ana hermosas leyendas las que escribiste, solo para que te quedes tranquila, te digo: vivo en el sur, sur del país, mi casa esta situada en pleno valle inferior del río Chubut, los bichofeos, son muy comunes en la patagonia, no solo en el norte y estos condenados se la pasan gritando, es un decir; sus cantos nos alegra la vida, y las creencias no son ciertas por lo menos en nuestra zona, no se cumplen. Un saludo


Mª Carmen F...
Formación colegio
Escrito por Mª Carmen F... el 29/05/2010

Hola a todos.
Recién entro en el grupo. Gracias Fabricio.

Decidme sensible en extemo, pero a mi se han saltado las lágrimas al leer el cuento que nos ha regalado Fabricio.

Escrito por Miguel Estaña Gimeno ayer a las 22:42

Si no hacemos algo y cambiamos ,ya no sera un cuento sera una realidad por todas partes.


Miguel, te doy toda la razón.
Hace tiempo encontré unas líneas que, a menudo, me vienen a la cabeza:

"Cuando el último árbol sea talado
y el último río se haya secado,
sólo entonces nos daremos cuenta
de que el dinero no se come"...

Un saludo a todos.


Ana
Escrito por Ana el 29/05/2010

Gracias Beatriz por la aclaración, pero conozco paraquayas aquí en España, que justo cuentan lo contrario. Sobre todo en el tema del embarazo, dicen que se pone en la casa de quien está embarazada y canta. Por supuesto no siempre tiene que ser cierto. Puede que no venga a cuento, pero en España, un pueblo que no recuerdo su nombre ahora, le hizo un monumento a un perro callejero, éste tenía un peculiar olfato, sabía quién iba a morir, se postraba junto a la puerta hasta que sucedía, después iba al entierro como uno más del pueblo, ésto está recogido en videos. A veces había varios enfermos y el perro estaba de casa en casa haciendo guardia. Un día aparecio muerto, se supone que no era bienvenido en ninguna casa y algún desalmado lleno de superstición y miedo lo quito del medio. Con esto quiero decir, que no siempre que el perro estuviese al lado de una casa estaba anunciando la muerte de alguien de la familia. Pues igual ocurrirá con el pitaguá.


Beatriz Bassino
Enfermería profesional, administración...
Escrito por Beatriz Bassino el 29/05/2010

Curruf - taiel: El canto sagrado del viento


Acá en las tierras del sur americano donde la realidad es mito y leyenda de antigua estirpe, los más viejos entre los viejos afirman que el padre - creador de la música es el viento. Y no les falta razones, porque es cierto que acá curruf (viento) sopla su flauta en los pajonales, se vuelve trompeta en los remolinos, redobla como timbal, entre las piedras y el agua, y es manso violín en los cañadones largos y protegidos...

(Foto: Italo Villarrica)

(27/05/10)

En efecto, posiblemente del viento las culturas australes aprendieron a hacer música. Quizás del mítico Elëngasen, su progenitor y señor, el autor de los curruf-taieles...

Dicen que en la lengua araucana no existe una palabra para designar la música. No hace falta. Los instrumentos musicales hablan por sí solos de su presencia en el pueblo y su cultura... ¿Cómo negarla cuando suenan el quinquercahue o la pifilca? Y aunque todavía no hubiera ritmos indígenas ni instrumentos, el viento -músico si existiría, y seguiría dando notas para sus legendarios taieles...

Entre todos los instrumentos musicales Nguenechén, el Padre de las razas aborígenes, eligió el cultrún y lo puso en las manos de la machi. Desde entonces es sagrado. Su vientre resonador tiene el perfume y las voces misteriosas de las maderas con que se talla: el foye (canelo) el triwe (laurel), el ciprés o el raulí. Y es para que no se escapen que los artesanos le ponen bien ajustado sobre la redonda boca el parche de cuero pelado.

Es el cultrún el instrumento chamánico por excelencia, y esto ocurre desde sus antepasados. Por eso el rito acompaña su nacimiento como instrumento compañero e inspirador del trance mítico. Quienes lo han visto dicen que antes de tensar la membrana del cultrún la machi mete adentro su canto y con él parte de su pullú o alma... Y es fama que introduce las propiedades mágicas o curativas al colocar por la abertura a punto de cerrarse, piedritas de colores, plumas, pelo de animales o hierbas medicinales...

Los mapuches aseguran que cuando la medica hechicera toma el cultrún tiene el mundo en su mano. Y así debe ser nomás, no sólo por su forma semiesférica característica sino también porque los dibujos que lo ornamentan, con sus sagrados azules, amarillos y blancos, con su cruz abarcadora y sus extrañas figuras, representan posiblemente el orden y equilibrio entre el cosmos y sus criaturas.

Con el cultrún junto a su pecho la mediadora sagrada está a la altura de su dios, y con el palo percutor de cabeza de rellmú (arco iris)puede invocarlo y obtener la gracia o petición. Con él hace sus rogativas, y con él vuela hacia el más allá, con él acompaña los taieles y danza en torno al rehue (altar sagrado), con él se instala el camaruco y bate sin cesar... Como antes, ¿Como siempre?

Allá en el cerro sagrado de Yanquenao hay un cultrún de piedra. El misterio envuelve su presencia fósil. ¿Cuanto hace que su cuerpo es mineral? ¿Lo petrificó el Gualicho, celoso por el poder de la machi? ¿Algún espíritu envidioso aprisionó así su alma de música? Muchas lluvias y soles largos han caído desde entonces sobre el cultrún de piedra, pero no han borrado sus curiosos petroglifos. Quizás para el Elëngasen cuando sopla pueda contar la historia de la Creación... ¡Quién sabe!

Al cultrún sagrado lo acompaña en los nguillatunes (rogativas), la también sagrada pifïlca. Cuenta la leyenda que los valientes mapuches al son de la pifïlca pudieron rechazar a los poderosos incas conquistadores. Pero perdieron la pifïlca mágica... Y todavía la buscan. Por eso la reproducen en madera o hueso y con sus timbres agudos parecen que las llaman en las rogativas... Especialmente cuando el munday las bendice con su agua de trigos maduros. ¿Volverán a ser fuertes e invencibles cuando la encuentren?

En las rogativas rituales los mapuches acompañan los sonidos sagrados del cultrún y la pifïlca con los tonos graves de la trutruca. Esta hermana del erque norteño buscó el sur de la leyenda promisoria para vivir por sí misma, y tanto se aquerenció que no falta en el corazón de los nguillatunes.

Claro que un buen pillantún (orquesta sagrada) se completa con otro noble instrumento como el cull cull, el cuerno que es pariente del erquencho y que antiguamente hacia sonar sus graves alarmas en caso de peligro para la tribu. Y hasta con la wada, la rítmica sonaja aborigen.

Los músicos mapuches han recibido de sus hermanos americanos la inspiración e impulso para transplantar y adaptar formas instrumentales. Por eso también hacen música con el koolo o violín tehuelche, el ñolquín hermano menor de la trutruca el quinquercahue o gran violín araucano hecho con costillas de yeguarizo, el piloiloi descendiente de los incas que imita en madera o piedra la mítica flauta de Pan, el trompe con su diminuto cuerpo de hierro con forma armoniosa lira, o las cascavillas de sonantes pezuñas de hemul...

Los aborígenes de los confines patagónicos guardan viva memoria de los orígenes sagrados de la música, y han representado por siglos mitos y tabúes en la relación con la ejecución de los instrumentos musicales. Por ejemplo no pueden tocarse indistintamente o en cualquier ocasión... Y hasta hay claras jerarquía, por orden social, o sexo, o edad, para ejecución de algunos. De este modo la machi batirá el parche del pichicultrún... Y las pifilcas estarán a cargo únicamente de acólitos masculinos. ¡Y hay del trasgresor que no respete las normas! Puede pasarle lo que a las indiecitas desobedientes que, ignorando la prohibición que impide a los más jóvenes soplar el trompe de coloridos pompones, se fueron con él a la montaña y lo tocaron despreocupadamente bajo las barbas mismas de futa chao , el padre grande... No se dejó esperar el castigo divino. Dicen que un espíritu maligno las transformó en estatuas de piedra. Y para memoria de sus hermanos allí están todavía, ¡Quietecitas y fosilizadas en el volcán Epuilche o dos niñas!

Supongamos que por un momento que ahora el pillantún está completo y muestra su variedad de sonidos y matices orquestales. Los ejecutantes están listos y ensayan... Sin embargo aún falta el instrumento entre los instrumentos: la voz humana, el don con el que el hombre se lanza a la vida con el primer llanto sonoro... En realidad los instrumentos musicales son sólo el complemento y realce para el canto aborigen.

Los pueblos del Sur cantan sus taieles sagrados como invocaciones a sus dioses en las rogativas, o como invocaciones a su origen en las canciones del linaje. Pero también cantan a la vida en el ülcatún profano, o en los "romanceos" improvisados, o en los de memoria que preservan lo que fue: patria, historias, amor, magia, costumbres... Para que no mueran con el tiempo y el olvido en los hermanos dispersos...

Si, la música es algo que las culturas de la Patagonia aprendieron de currúf. Elëngasen les enseñó a celebrar el gozo, el ruego o el dolor de vivir, con sonidos humanos o con instrumentales... Mientras canten no estarán ni se sentirán solos, mientras repitan las viejas melodías el hilo sagrado de la raza mantendrá unidas las generaciones, y mientras hagan música, no habrá ocaso para los hombres.

Este es el misterio que me contó anoche el viento... En uno de sus curruf-tailes...


Nuria Cugota Gomez
Bachillerato gili y gaya
Escrito por Nuria Cugota Gomez el 29/05/2010

Canto triste de los Hñañhü (Otomies) denominado tlaocolcuicaotomitl:

Danthe togui togui
hin hambi tegue
Ndahi togui togui
hin hambi tegue
Nbui togui...
hin hambi pengui.

El río pasa, pasa,
nunca cesa.
El viento pasa, pasa,
nunca cesa.
La vida pasa...
nunca regresa.

Poema nahua
Emergen, emergen las flores

Emergen, emergen las flores:
floreciendo están las flores en presencia del sol.
A tu canto corresponde el ave del dios.
Tú la buscas: todas ellas son tu canto y son tu dicha:
tú deleitas a los hombres con movedizas flores.
Donde quiera ando, por doquiera canto, yo cantor:
las flores olientes a maíz tostado se remecen
entre las mariposas en el patio florido.

Todas vienen donde el Árbol está enhiesto:

flores que al hombre trastornan,
que pervierten corazones, vienen a derramar,
vienen a dejar caer carga de flores, fragancia de flores.

De flores es la alfombra: muchas hay en tu casa
y entre el musgo acuático canta y trina Xayacamachan:
embriaga su corazón la flor de cacao.
Hermoso canto repercute allí;
alza su canto Tlapaltecutzin, muy perfumadas son sus flores:
se estremece la flor: es la flor del cacao...
la madre de los dioses.


Y uno de Netzahualcoyotl

"No por siempre en la tierra,
sólo breve tiempo aquí.
Aunque sea oro se rompe,
aunque sea jade se quiebra,
aunque sea pluma de quetzal se desgarra...
¡No por siempre en la tierra,
sólo breve tiempo aquí!"


Ana
Escrito por Ana el 29/05/2010

Hace algún tiempo leí, tengo que volver a leer porque la memoria falla, varios libros de Augusto Roa Bastos, en ellos por supuesto hace referencia a las leyendad de origen paraguayas, que están muy enraizadas con el guaraní como todos sabeís. Me comprometo a traer alguna.


Ana
Escrito por Ana el 29/05/2010

Por cierto no me he presentado, recibí una invitación de Fabricio e ignoro como funciona este grupo, a él como administrador le corresponder hacer de anfitrión y guiarme.


Nuria Cugota Gomez
Bachillerato gili y gaya
Escrito por Nuria Cugota Gomez el 29/05/2010


Cuento mítico prehispánico de Jaén, Peru

No se sabe exactamente en qué tiempo vivió Amojú, la bella

princesa que dio el nombre al pequeño río de Jaén.

No sabemos acerca de su significado pero, si de una princesa se

trata, los nombres siempre son expresivos de belleza, de pureza,

de ternura, por lo que Amojú pudo significar: Bello amanecer,

Lucero de la tarde, Flor del campo, Predilecta de los dioses o

cualquier otro de poético acento.

El nombre del valle, se dice, fue dado en reconocimiento a la hija primera del Apu o curaca, que gobernaba a las tribus que poblaban las alturas occidentales de la actual Jaén y que extendían sus dominios sobre el vallecito cálido donde Amojú tenía establecido su balneario privado.

A la sombra de una catagua , árbol de gran tamaño, de hojas

redondeadas y brillosas, de tronco grueso y muy fuerte y frutos en forma de discos que simulan ser llantas para un camioncito de juguete; Amojú había hecho engalanar una pequeña represa,

donde podía bañarse y nadar durante todo el año, debido a la

abundancia y claridad de las aguas que, en razón del caluroso

clima del lugar, eran de una deliciosa frescura, que contrastaba con lo demasiado frías, como eran las que resultaban un poco más arriba, hacia la cordillera.

El gran Curaca, Apu, que es Señor, era el padre de Amojú, y

debido a la confianza y seguridad en sus dominios, permitía que su adorable hija concurriera regularmente a tomar baños en el

remanso acomodado para el solaz de la princesita y sus amigas

que la acompañaban.

Era, pues, costumbre de ella bajar cada luna llena desde la casa

curacal de sus padres hacia la hondonada del río, por dos

pequeños afluentes engrosado, el que, por causa de un recodo, se había formado además un lindo remanso de regular profundidad.

Allí acudían Amojú y sus doncellas amigas a bañarse y retozar en inocente solaz y lo hacían, vestidas tan libremente como ahora; es decir, desnudas, sin esas coberturas que, además de incómodas por lo pesadas y pegajosas que se ponen con el agua, rompen la natural armonía de cuerpos lozanos y deslucen el encanto propio de las muchachas en flor.

Amojú se hacía lavar el lacio, muy largo y negro cabello que

enmarcaba su bello rostro, de rasgos suaves y delicados; con la

espuma lustral del chililique o choloque , árbol cuyo fruto muy

amargo al gusto, resulta ser un maravilloso detergente para el

cabello, la ropa y el propio cuerpo.

El día menos esperado, mientras las hermosas jóvenes se divertían a sus anchas zambulléndose en las frescas aguas y también rociándose con ellas en una batalla campal de agua contra agua, una bandada de bulliciosos guacamayos, que acostumbraba llegar a esa misma hora, se posó en el enorme árbol de catagua para ingerir sus frutos, de ingrato sabor para otras especies, pero deliciosos para los loros.

Entre los guacamayos alharaquientos y bulliciosos con sus gritos desgarrados, figuraba uno especialmente hermoso, de un plumaje rojo dominante con amarillo y que contrastaba con el azul y verde, común entre sus congéneres.

Este guacamayo, descendía con ánimo visiblemente amistoso

entre las ramas del árbol y parecía no temer a las bañistas, las que, tomándole confianza le arrojaban agua con las manos, para ver si con ello le producían algún espanto hasta hacerlo huir.

El guacamayo, que no se dejaba intimidar; por el contrario, emitía suaves gorjeos, repitiendo algunas palabras de sus interlocutoras:

¡ Vete, pajarraco!, ¡Emigra, loro feo!, ¡No te queremos! Y al tiempo que repetía, se reía como ellas lo hacían.

Ni Amojú ni sus doncellas sospecharon que ese guacamayo rojo y amarillo que tan amistoso se mostraba era nada menos que el hijo primero del jefe de los hombres de la selva, es decir de un príncipe también, de los no muy bien apreciados por temidos, awajunas.

En su calidad de príncipe o heredero del mando en su tribu, había obtenido permiso para explorar sus tierras hacia el poniente, junto con el brujo Cujanchán , que le había dado la apariencia, la metamorfosis de hombre a pájaro. Los otros guacamayos eran, unos, sus amigos más cercanos y otros, guacamayos comunes, esto es auténticos, sin metamorfosis alguna, que no se preocupaban por averiguar el origen extraño o no de los que a simple vista eran guacamayos como ellos.

Amojú destacaba entre todas como una paloma torcaza entre

zaparcit as, como se conocen en Jaén a las pequeñas tórtolas. Tal era su porte, su prestancia, su hermosura.

Las visitas del puka-cori-huaka-mayu (el de rojo y oro que llora en el río) el guacamayo de rojo y amarillo; se repitieron con infalible regularidad, sin que osase el enamorado príncipe presentarse en persona. Temía que, de intentarlo, aterrorizaría a Amojú y ésta no más volvería al balneario de su preferencia.

Aconsejado mal, o quizá bien, por el brujo Cujanchán, optó por el rapto, para apoderarse de ella, y tomó las precauciones que

correspondían para llevar a cabo su intento.

El hechicero ofreció facilitarle la tarea y debido a que entre los

territorios de los awajunas , de donde era oriundo el príncipe y los del reino de Amojú, había de por medio una muy intrincada selva, compuesta por una vegetación hirsuta, peligrosa y muy hostil; en que abundaban desordenadamente toda clase de plantas agresivas con los que osaran invadir sus dominios tales como: los carnosos y espinudos pishcoles, de la familia de los cactus, los uñegatos de muchas variedades, las llishas , con que se envenenan las aguas para pescar, los cajaruros, los abriojos y muchas más enmarañadas especies, igualmente aterrorizantes; optaron por la vía aérea, mediante la mágica transformación, de los protagonistas, en aves.

Sólo al hechicero, que tenía la virtud transformativa para los

demás, no le estaba permitido ese prodigio alado; pudiendo

convertirse en cualquier otro animal terrestre, pero no en ave.

Son restricciones que hasta los propios magos y taumaturgos

tienen, como sucede con algunos oficios y profesiones que han

dado lugar al jocoso dicho: “En casa del herrero el cuchillo es de palo ”. Por cuya razón, optó por convertirse él mismo, en un

cuadrúpedo y escogió el género que más se avenía a su condición nada agradable de jugar sucio con sus hechicerías: se transformó en un escurridizo sajino.

En el día convenido, apareció la ruidosa bandada de guacamayos y se posó en la copa de la acostumbrada catagua .

Las bañistas no faltaron tampoco a su habitual cita y cuando más entusiasmadas estaban chapuceando en las límpidas aguas del remanso, apareció, lúgubre, con su hirsuta y sucia pelambre, el repugnante sajino, que sacó el aporcinado hocico de entre las

matas floridas de la rivera del río.

Las jóvenes no se asustaron por la presencia del animalejo y antes bien sólo cogieron guijarros para ahuyentarle.

De pronto el brujo recuperó su forma humana y sin darles tiempo a las muchachas para nada, les lanzó su fugaz hechizo y las convirtió en coloridas, volátiles y vocingleras guacamayas.

Éstas, sin más precaución que el nuevo instinto de aves, levantaron el vuelo y se confundieron con las que sobre el árbol de catagua , gritonas y golosas trituraban esas rodelas verdes, de tajadas óseas, que son el fruto preferido del árbol de los guacamayos.

Al atardecer, cuando el sol traspuso la cima del Chililique y el cielo también extendía sus propias alas de colorido papagayo, las parlanchinas aves volvieron a sus reductos y con ellas, sin

advertirlo, Amojú y sus amigas.

El hechicero convertido nuevamente en sajino, y cumplido su

censurable propósito, emprendió el largo regreso a su habitual

morada en la lejana tierra de los awajunas , donde volvería a

recuperar su forma humana y revertir también la metamorfosis de los falsos guacamayos, devolviéndoles su verdadera y humana apariencia.

Por poco, con su muerte, no se hubiera descubierto el misterio del hechizo al dejar para siempre al príncipe y sus amigos y a la

princesa y sus amigas con la irreversible forma de pájaros

multicolores.

El hechicero estuvo a punto de sucumbir a los efectos de una

envenenada flecha, untada con curare , presta a ser disparada por un cazador de su propia tribu; el cual, advertido a tiempo y

angustiosamente por el brujo, no soltó el dardo mortal a él

destinado.

Tardó el brujo en llegar a su pago y durante ese tiempo el príncipe y sus amigos siguieron siendo guacamayos, viviendo con guacamayos y como guacamayos guarecidos en sus respectivos escondrijos.

Amojú y sus amigas, al notar que gentes casi desnudas pululaban en todas direcciones, siguieron la ruta de las demás guacamayas internándose en el bosque.

El príncipe y sus amigos acudieron al poblado muy temprano,

donde la cita con el brujo era imprescindible; pero les sobrecogió la angustia de no saber ni contar con la presencia de la guacamaya Amojú y sus amigas, que permanecieron en compañía de sus ahora congéneres.

El príncipe, angustiado de no contar con la bella Amojú, maldijo al brujo por su iniciativa, culpándolo de la fuga, tal vez irrecuperable, de la que tenía ya por su amada. Pensó que tal vez jamás la volvería a ver sumergida en el movedizo cristal de las aguas del río Amojú.

La tristeza se apoderó del joven enamorado y le rogó al hechicero que lo convierta de nuevo en guacamayo y que no le devolviera su humana apariencia, sino cuando estuviera, de recuperarla, seguro, junto a su amada la princesa Amojú.

Así ocurrió y, cuando el príncipe se vio convertido una vez más en guacamayo encarnado, voló donde sus congéneres y se mantuvo junto a ellos siguiendo sus hábitos y costumbres.

En bandada regresó muchas veces al remanso de límpidas aguas

donde conoció a Amojú, pero ella no estaba. Su pensamiento, si

es que pudo tenerlo mientras era guacamayo como los otros o

quizá su instinto, lo mantuvieron en la esperanza de que Amojú

debería estar muy cerca, tal vez entremezclada con la bandada de guacamayos.

Así se mantuvo durante mucho tiempo; por lo menos hasta que la tierra recuperase la calma que perdió a raíz de este

acontecimiento.

Ocurrió que, el no regreso de Amojú y sus doncellas, inquietó

sobremanera al curaca, su padre, que era el soberano de la tribu

principal y jefe de las comunidades aledañas.

Pidió socorro al sacerdote del Apu Máximo de la comunidad, el

que, conmovido ante tamaña desgracia, imploró la ayuda de su

dios, cuya morada era la más alta de las montañas del Oeste, para que proveyera al rescate de la princesa y sus doncellas que habían colmado de angustia a los jefes de cada familia afectada, porque se trataba de sus propias hijas.

Así fue cómo, escuchando su ruego, el espíritu del poderoso Apu sacudió vigorosamente sus montañas y ordenó que los vientos del Oeste, soplaran oscuras nubes recargadas de potente fuego, sobre las tierras bajas de los ahora asustados awajunas, sospechosos del secuestro.

Al advertir esta agresión el hechicero Cujanchán usó de sus

propias artes mágicas para pedir a las fuerzas de la Selva que

acudan en socorro de sus devotos.

De este modo, promovió el desplazamiento de los cálidos vientos del Este que, a su propia vez, empujaban grandísimos

promontorios de nubes oscuras y desafiantes hacia el Oeste.

El choque de poderes se hizo inevitable. Sobre el vallecito,

escenario de la fabulosa y principesca aventura, se desarrolló una batalla telúrico celestial inenarrable: vientos huracanados que desplegaban sus airadas alas, golpeándose por lo alto como

embravecidos cóndores mitológicos. El retumbar sordo y poderoso de enormes moles pétreas, arriba en los cielos, como si los Apus entrechocaran sus cabezas iracundas de machos cabríos inmortales, distribuyendo el terrible zigzagueante fuego de intensa luminosidad celeste.

Luego, una lluvia torrencial se precipitó sobre la tierra, como si el cielo fuera un mar que vacía sus aguas en catarata, de una sola vez.

Los ríos multiplicaron varias veces su furia acostumbrada y

arrastraron consigo todo cuanto a su paso encontraban: chozas,

animales domésticos y salvajes, sembríos y árboles gigantescos,

arrancados de cuajo, que como débiles matas, discurrían sobre el oscuro, rojizo y espeso limo, con olor a barro, de los ríos

convertidos en mares trashumantes.

Las bajas humanas fueron muchas por ambas partes.

La lucha de los elementos por causa de los hombres habría

continuado, si no fuera porque, de pronto, un providencial árbitro, apareciera en el escenario, hastiado ya de tanta, infecunda como destructora violencia desatada.

Rompiendo las montañas de negras, amenazantes y espesas

nubes, apareció por fin en el cielo el brillante y alegre rostro del

dios y señor de todos los dioses y poderes del cielo y la Tierra. Era el cálido, radiante Sol, dueño y señor de los elementos el que terció para poner fin al conflicto.

Mediante su sacerdote advirtió al ofendido padre de Amojú:

- ¡No uséis más de la fuerza! Aprended de mí que soy manso y soy humilde. ¡Jamás hago ruido ni alardeo de nada y sin embargo, nada se mueve en la Tierra sin mi permiso y voluntad!

El Sacerdote del Sol, el que muchos años más tarde sería el dios

Inti de los poderosos Incas, impetró usar de la astucia antes que de la fuerza, que todo lo destruye, sin dejar otra cosa que duelo y dolor, y en el mejor de los casos, una gloria efímera que se

desvanece con la misma volatilidad de un falso perfume. Dijo:

- ¿Quién pudo arrebatar a la princesa Amojú y sus doncellas si no es el Gran Hechicero de los awajunas ? ¿Acaso hemos encontrado huellas de su trajín en el entorno del remanso en que solía bañarse la princesa y sus amigas? Ha usado de sus poderes para llevarse a Amojú y sus doncellas, sin dejar huellas del secuestro. Debemos, adueñarnos de él para obligarle a devolver a nuestra princesa y sus doncellas.

Diciendo esto, el sumo sacerdote del Sol, secundado por el

sacerdote del Apu de los de Amojú, convocaron a cuantos animales podían, por sus calidades y virtudes, contribuir al rescate.

Desecharon a los pumas, jaguares y otros gatos por no ser una

cuestión de fuerza; a los zorros y culebras por no ser una cuestión de sólo astucia; por ello, escogieron a las más grandes arañas de las expertas tejedoras y a los humildes y no bien estimados gallinazos, debido a su docilidad, a su número y a su gran poder de vuelo en las alturas.

Hasta entonces, los gallinazos eran, desde su nacimiento,

totalmente albinos, de un blanco relumbrante que, en las alturas, se confundía con las nubes, en el azul del cielo, cuando estaban en vuelo franco.

- ¿Qué pensáis hacer con las arañas? -preguntaron al sacerdote del Sol con desconfianza.

-Las arañas tejerán una enorme red, tan resistente como la

cabuya .

- ¿Qué pensáis hacer con los gallinazos? -interrogó el desconfiado monarca al sacerdote del Sol.

-Con uno o dos, casi nada -le contestó él-, pero si logramos juntar una nube de ellos, podremos tender la gran red que tejerán las arañas, con que atraparemos al Gran Hechicero de los awajunas , y una vez que lo tengamos en nuestras manos, todo quedará allanado.

- ¿Cómo atraparéis al hechicero de los awajunas ? ¿Cómo lo haréis caer en la red que tejerán las industriosas arañas?

-El hechicero acostumbra ir cada mañana a la cumbre de

un pequeño cerro que hay cerca del pueblo de los awajunas . Ahí hace sus ritos y sortilegios para mantener viva la fuerza de sus hechizos. Muy temprano, las arañas ayudadas por

los gallinazos asentarán la gran red tejida de gruesos hilos, tan

fuertes como la cabuya , y cuando el hechicero haya pisado el

centro mismo de la red, los gallinazos levantarán vuelo portando con su potente pico la enorme red que, como una gran hamaca, llevará al sorprendido y asustado hechicero, que no atinará a desprenderse de su prisión por desesperados esfuerzos que haga.

Así, lo traerán donde nosotros, y acá lo haremos confesar todo lo que sabe sobre Amojú y sus doncellas.

El plan se llevó a la perfección, y al poco tiempo, el hechicero de los awajunas estuvo confesando sus tretas, la última y la más

tremenda de todas, el rapto de la princesita Amojú y sus amigas,

que desde entonces viven confundidas con otras guacamayas, sin poder regresar a sus respectivos hogares.

El brujo de los awajunas , como era de esperarse, fue muy a pesar suyo, conducido por la bandada de gallinazos raptores, al balneario de la princesa; lugar de donde, un buen tiempo atrás, fuera secuestrada por el hoy prisionero Cujanchán.

De acuerdo a lo convenido se encontraban ahí esperando los

padres de Amojú, los padres de sus doncellas, el sacerdote del Sol y el sacerdote del Apu de los deudos de Amojú.

Era el mediodía de uno de luna llena, en que la expectante comitiva esperaba, con ansiedad, la llegada acostumbrada de los

guacamayos. Como no podía faltar, a la hora esperada, con gran algarabía, una gran mancha de coloridas plumas y gruesos picos se posó en las grandes ramas de su árbol favorito.

Entre los volátiles huéspedes se distinguía, por lo rojo de su

plumaje y gallardía de su porte, uno entre todos y junto a él una

hermosa guacamaya vestida de encajes celestes, verdes y

amarillos.

-Es su pareja -advirtieron los presentes, conocedores de las

costumbres de estas aves que se emparejan para toda la vida,

como es poco común entre otras especies animales, incluido el

hombre.

Tan pronto como los vio el hechicero prisionero, los reconoció y confesó su delito.

-Es el príncipe de los awajunas –dijo, temblando de miedo - Su

padre me ha responsabilizado por su desaparición y ha jurado

matarme si no lo recupero para sucederle en el mando del

curacazgo, después de ordenar que se me atormentara con una

paliza ejemplar. Su compañera es la princesita Amojú.

Toda la concurrencia manifestó su sombro con un prolongado:

- ¡Aaaaaaaaaaaah!

Tan luego lo divisó, el hechicero le hizo unas convencionales señas que sólo ellos conocían y el guacamayo rojo descendió junto a él y ¡Oh sorpresa! , con el guacamayo rojo descendió también la bella guacamaya vestida de azul y verde con una gran chalina amarilla y tras ella, como obedeciéndole, otras guacamayas de parecido plumaje.

Llegado el momento de la esperada transmutación de aves a

humanos y, para no ponerlas en vergüenza a las muchachas, que

el hechicero sabía que estaban desnudas; ordenó por medio del

sacerdote del Sol que pidiera a todos los presentes que dieran las espaldas hasta que las bellas niñas cubrieran, con prendas

adecuadas, su desnudez.

Todos obedecieron, a pesar de la gran curiosidad que sentían para ver cómo era aquello de la transformación esperada.

El Gran Hechicero de los awajunas , el mago Cujanchán , ensayó sus ritos y en el acto los guacamayos recuperaron su apariencia humana.

La sorpresa fue grande para todos. Pasados los primeros instantes de confusión y cubierto el pudor, Amojú se vio frente a un joven que, aunque para ella era un desconocido, le resultó tan agradable como si con él hubiera existido ya una bien fundada amistad. Las otras jóvenes simpatizaron también con los amigos del príncipe awajuna y formaron parejas con ellos.

El reencuentro con sus seres queridos colmó a todos de gran

felicidad, con la que olvidaron los deseos de castigo y de venganza alimentados durante la prolongada y angustiosa ausencia.

Siguiendo esta regla, el brujo fue devuelto a su pago, rogando al

Jefe de los awajunas se compadeciera de él y lo perdonara, porque si no, lo convertiría en sapo. El Jefe de los awajunas , asustado por la amenaza, lo perdonó.

El reencuentro jubiloso dio lugar a preparativos entre ambas tribus para celebrar, en el mismo lugar donde se encontraban las bodas de Amojú y su príncipe awajuna y las bodas de las jóvenes parejas que consolidaron su amor en el encuentro breve que, como pájaros de coloridos plumajes, tuvieron a causa del hechizo fraguado a solicitud del príncipe awajuna, perdidamente enamorado de Amojú.

Las fiestas de bodas, promovidas por ambas tribus que antes eran rivales, fueron tan alegres y fastuosas como vigorosa fue en su momento la furia con que combatieron los elementos.

Todos decidieron que era conveniente para las nuevas familias

quedarse para siempre a la vera del pequeño río que en

homenaje a la princesa lo llamaron Amojú.

Los humildes y tan útiles gallinazos, esas benditas aves

de majestuoso e imponente vuelo con las que todo el mundo

simpatiza, para unirse al jolgorio general, suplicaron como

recompensa a su entusiasta y desinteresada colaboración por

la paz entre las tribus, se les hiciera la gracia, por medio de

los sacerdotes y hechiceros, de mudarles el ropaje de sus plumas, que muchas veces provocaba colisiones entre unos y otros cuando se desplazaban veloces, en las grandes alturas, blancos ellos entre blancas nubes, por otro vestido que les permitiera verse y distinguirse, desde cierta distancia, para evitar chocar entre ellos.

Su pedido fue atendido por justo y necesario y como señal de

agradecimiento a su decidida participación. A partir de entonces

lucirían para siempre el vestido negro, con que hoy se les ve por

doquier, como el natural uniforme de nuestra nunca bien pagada

pero siempre eficiente baja policía natural .

FIN


Cristmar Mendoza
Economista usm
Escrito por Cristmar Mendoza el 30/05/2010

Hola! Encontré esto que les copio líneas más abajo que quiero compartir con ustedes.

saludos afectuosos, Cristmar

"... La tribu Yurok del norte de California poseía una cultura espiritual muy desarrollada basada en el ritmo del ciclo menstrual para las prácticas rituales no sólo de las mujeres sino también de los hombres.

Las mujeres acostumbraban retirarse "en masa" durante la luna nueva por un período de diez días.

Durante ese tiempo los hombres se concentraban en el "desarrollo interno", en ceremonias y meditación.

Mientras los adultos estaban ocupados acumulando poder espiritual, los niños eran cuidados por los ancianos de la tribu.

Todo el trabajo que los adultos tenían que hacer se concentraba en los otros días del mes... ""




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