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Escrito por
Namesti
el 25 de Enero
Al mismo tiempo.
La energía siempre ha estado ahí y siempre lo hará. “Todo está en todo”.
Al lanzar un guijarro al agua esta emite círculos que van de pequeños a grandes. Notemos que son iguales. Su diferencia es gradual. Es técnicamente el mismo círculo, el único. Reproduciéndose una y otra vez.
Nuestro cuerpo está formado por electrones, átomos y células. Regida cada dimensión por sus propias leyes y convergiendo todas en una. Por lo tanto bajo la misma lógica somos células de otro cuerpo.
Las células nacen se reproducen y mueren. Nacen otras con la información de las anteriores y todo va de nuevo. De igual manera nacemos, nos reproducimos y morimos. De tal suerte que el recién nacido hereda memoria genética de milenios.
El pensamiento no son más que reacciones químicas trasformadas en energía que escapa por sienes y cabellos. ¿A dónde va esa energía? A una red electro sensorial tan grande como el universo mismo contenida toda por cargas iónicas.
A sabiendas de mi creer, se puede entender que la idea de que mi descubrimiento hubiese sido realizado por alguien más simultáneamente, no me pareciera descabellada. Debía encontrar entonces a quien a la par mía hubo hecho el descubrimiento.
Me levanté impetuoso, preocupado, ansioso y un tanto molesto del sofá con la firme idea de buscar y encontrar a como diera lugar al afortunado descubridor y matarlo. Debía ser yo el único. No tomé un baño sino que abroché las agujetas de mis zapatos, peiné mi cabello cuidadosamente y cargué el revólver. Llamé a una agencia de viajes y programé para empezar, vuelos a toda la zona norte del país. Lo encontraría a como diera lugar. Mi instinto me llevaría a la puerta de su casa y al verlo salir le dispararía repetidas veces en el pecho. Una vez enfundada mi pistola y vistiendo mi perfecta camisa de rayas verticales me dispuse a empezar la pesquisa. Al abrir la vista principal de mi casa encontré un tipo inmóvil frente a mí. Llevaba el cabello revuelto además de vestir una horrible camisa con franjas verticales. Apuntaba a mi pecho con un revólver. Me había encontrado primero.
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